Biografía Sexual de mi abuelo Carlos http://abuelocarlos.lacoctelera.net Historia erótica de un afortunado en el amor, o mejor dicho, en el sexo. es-es Fotografía historia sexo abuelo the-shaker v0.1. More on http://www.the-shaker.com CAPÍTULO I La iniciación http://abuelocarlos.lacoctelera.net/post/2007/10/22/capaatulo-i-iniciaciain 2007-10-22T14:20:55+00:00 Como casi todo el mundo, a la edad de 12 o 13 años, en plena guerra civil, empecé a descubrir mi sexualidad, pero aquello no pasaba de inocentes toques y juegos inducidos por los comentarios de los chicos mayores que, a veces, llegaban a producir cierto placer en mi cuerpo de niño.

El cambio real y notable empezó primero mentalmente, y luego físicamente. De repente me di cuenta de que existían las mujeres; antes sólo eran como los chicos, pero más frágiles y yo las dividía en madres y hermanas, pero ahora eran unos seres extraños que me atraían por su olor, por su forma de andar, por su pelo, por su cintura, por sus pechos….., sobre todo por sus pechos. Supongo que todavía quedaban en mí reminiscencias de mi época de lactante que, mezcladas con el despertar de mis hormonas y los comentarios de los demás chicos, hacían que esa parte de la anatomía femenina me fascinara de una forma extraña. En más de una ocasión, ese estado de hipnosis que el bamboleo del pecho femenino me producía, me costó una tarascada de mi madre o de alguna de mis hermanas.

Físicamente, mi cuerpo comenzó a seguir a mi mente un poco más tarde. Me comenzaba a salir bello por el pubis, y la piel de mi pene se empezaba a oscurecer. Además me daba cuenta de que cuando jugaba con él, ni el tamaño ni el placer eran igual que antes; ahora el tamaño empezaba a ser considerable y disfrutaba mucho más, aunque en realidad tampoco sabía masturbarme como me explicaban los demás chicos.

Por aquel entonces empecé a espiar a mis hermanas por el ojo de la cerradura mientras se bañaban; Era una de esas antiguas cerraduras con un gran ojo, a través de la cual daba rienda suelta a mis primeras fantasías, pero ni el pecho de mi hermana mayor bien formado, ni el incipiente de mi otra hermana conseguían que me sintiera bien, es más, tenía unos remordimientos que me hacían salir disparado hacia la iglesia en cuanto podía.

La cosa cambió la primera vez que vi a Amparo.

Amparo era la asistenta que teníamos en casa. Mi padre tenía una buena posición y una profesión que, además de ayudarle a no ir a la guerra, nos permitía tener una criada como se las llamaba entonces. En realidad, Amparo era más que una criada, era la hija de una prima de mi madre, que por no quedarse en su pequeño pueblo, y tener algo más de futuro, vino a vivir con nosotros y a ayudar en las tareas del hogar, a cambio de un pequeño sueldo. La verdad es que el trato era como el de una más de la familia.

Amparo no era excesivamente guapa, pero tenía algo atractivo en su rostro; era racial, con pelo negro largo y ondulado, pobladas cejas negras y cara angulosa. Podría haber pasado perfectamente por gitana, aunque de tez más clara. Lo realmente asombroso mí, era su cuerpo; un cuerpo esbelto pero con unas marcadas formas de mujer, grandes pechos, ancha cadera, largas piernas y toda la lozanía que lo otorgaban sus 18 o 19 años. Su olor era especial; cuando pasaba a mi lado, su aroma me envolvía y causaba en mí unas sensaciones muy extrañas que hasta bastante tiempo después no supe que era excitación. Era de ese tipo de mujeres que deben de tener unas feromonas muy potentes que atraían a los hombres hacia ella de forma irremediable.

Yo no era el único que reparaba en su cuerpo y me sentía atraído por ella, ya que en más de una ocasión había visto como mi padre no podía apartar la vista del gran escote que le hacía la bata de mi madre que le venía bastante pequeña.

Un día, mi madre y ella tuvieron que asistir al velatorio de un joven del pueblo que había muerto en la guerra, cosa que no era muy habitual por aquellos lares, ya que no estábamos en una zona especialmente conflictiva, aunque sí que había muchos hombres jóvenes que participaban en ella.

Aunque la costumbre era estar toda la noche velando al difunto, mi madre hizo regresar a casa a Amparo para que ayudase preparar la cena y atendiese a mi hermana mayor, que se encontraba enferma, así que después de cenar todos juntos menos mi madre, nos fuimos a la cama.

Esa noche yo no podía dormir bien, debido a pesadillas y sueños raros con el difunto y la guerra, por lo que me levanté a tomar algo de leche para intentar conciliar el sueño. Al pasar delante de la habitación de Amparo oí como unos susurros y sollozos, y como la puerta estaba entreabierta, atisbé por la abertura sin que me vieran. Mi padre estaba sentado junto a Amparo en su cama, y le decía que no se preocupase por su novio, (que estaba en la guerra), que seguro que estaría bien, que él sabía cuidarse sólo y que mientras, mi padre cuidaría de ella…. Mientras decía eso, la abrazaba y le daba besos en el cuello y en las mejillas y ella sollozaba abrazada a él. Lentamente mi padre fue bajando sus besos por el cuello hasta su hombro, y le iba descubriendo el camisón. Ella cambió sus sollozos por leves gemidos que se tornaron en pequeñas negaciones cuando mi padre descubrió uno de sus pechos y comenzó a besarlo y a chuparlo con pasión.

- No, no tío, ¿qué hace?, decía ella con un hilo de voz

- Yo cuidaré de ti pequeña, no te preocupes, yo cuidaré de ti, contestaba mi padre mientrasbesaba uno de sus pezones y amasaba el otro pecho con su mano.

La visión de esa escena me paralizó por completo. No sabía qué era más fuerte, si la sensación de ver como mi padre engañaba a mi madre, o ver los enormes pechos de Amparo alumbrados por la tenue luz de la luna que entraba por la ventana. Sentía miedo, vergüenza, rabia, culpa, pena, xcitación…., una gran excitación que recorría todo mi cuerpo y que hacía que
mi pene estuviese duro como una piedra. Por un segundo pensé en salir corriendo de allí y esconderme en mi habitación, pero no lo hice, continué observando como mi padre le pedía algo a ella que no conseguí entender……

Al cabo de un minuto comprendí; mientras mi padre seguía chupando los pezones de Amparo con fervor, ella le había bajado los pantalones y subía y bajaba su gran pene con energía mientras susurraba:


- ¡Es pecado, es pecado, esto es pecado mortal tío!

- No te preocupes, decía mi padre,

- Nadie se enterará pequeña, será nuestro secreto.

De repente, mi padre agarró a Amparo por los hombros y la obligó a agacharse al suelo de rodillas, quedando su verga delante de su cara

- Ahora con la boca, acaba con la boca sobrina, dijo mi padre

- No sé cómo se hace así, nunca lo he hecho, sollozaba Amparo

- Métela en tu boca y la vas chupando, mientras que con la mano la sigues moviendo como antes….

Sumisa, Amparo acató las órdenes de mi padre, y comenzó a chupar y a mover su verga mientras él intentaba amasar sus pechos con las manos. De pronto mi padre ahogó un grito y comenzóa moverse como un loco, metiendo y sacando su pene en la boca de Amparo. Ésta tosió varias veces y luego todo quedó en silencio, sólo se oía la respiración jadeante de mi padre.

Yo no entendía muy bien lo que había ocurrido, supongo que a eso es a lo que se referían los chicos mayores cuando hablaban de “correrse”, pero la verdad es que ver a mi padre en esa situación era muy extraño. Una cosa tenía clara, la imagen de Amparo subiendo y bajando el pene de mi padre no se me borraría nunca de la mente, y mucho menos sus pechos, esos enormes globos blancos coronados por sus pezones marroncitos a punto de escaparse, que mi padre chupaba con tanta devoción.

Me metí en mi cama, y comencé a mover mi verga de arriba abajo, pensando que era la mano de Amparo la que lo hacía, e intentando imaginar cómo sería tocar y chupar uno de aquellos pechos que me hacían volverme loco. En esta ensoñación estaba, cuando sentí una especie de corriente en mi columna vertebral que me recorrió desde el final de la espalda hasta la nuca y un placer que invadía todo mi cuerpo y me hizo doblarme sobre mí mismo. Fueron unos segundo sublimes, jamás había sentido nada igual. Mis experiencias masturbadoras conseguían algo de placer, pero solía aburrirme antes de conseguir nada especial, pero esa vez fue diferente, la calentura que la escena que había visto había provocado en mí y la ensoñación e Amparo consiguieron hacerme conocer un estado de mi cuerpo que nunca antes había conocido y que jamás volvería a olvidar,…… el placer, el puro placer.

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Nota del Escribano (Serafín): http://abuelocarlos.lacoctelera.net/post/2007/10/22/nota-del-escribano-serafaan- 2007-10-22T14:18:14+00:00 Ha de saber el lector, que si bien el abuelo Carlos es una persona de 83 años, ha sabido adaptarse a los tiempos y su mentalidad es muy actual. No obstante, aún conserva términos y expresiones propias de su rancia educación que serán respetadas de forma íntegra por el escribano aunque puedan sonar caducas.

Aunque intentemos suavizar el contenido, el lector debe de comprender que en estos relatos se hablará continuamente de sexo explícito, por lo que este blog es EXCLUSIVAMENTE PARA MAYORES DE 18 AÑOS, así que le rogamos encarecidamente que si no es mayor de edad, abandone de inmediato este blog.

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Prólogo http://abuelocarlos.lacoctelera.net/post/2007/10/22/prailogo 2007-10-22T14:07:53+00:00 Antes de comenzar, he de explicar que escribir estas memorias, nace de la necesidad de expresar una queja; un grito contra la insolencia de
la juventud.

Tendemos a pensar que el ser jóvenes nos da derecho a creer que todo lo anterior esta obsoleto, desfasado, y que todos los que vivieron antes que nosotros lo hicieron de forma gris y velada, reprimidos en cuanto a sus relaciones y costumbres sexuales, sometidos por el yugo de la moral católica y la ignorancia.

Si bien, en parte, esto es cierto, no significa que la libertad sexual actual condicione los comportamientos de las personas, aunque la liberación de la mujer ha facilitado mucho las cosas.

Ni antes éramos tan tontos ni ahora son tan listos.

Eso mismo discutía con mi nieto mayor, Serafín, el día de mi 83 cumpleaños. La insolencia de sus 25 años le hacía verme como alguien de vida plana, como si toda mi existencia fuese uno de esos reportajes del Nodo, grises y aburridos. Nacer, crecer, trabajar como un mulo, la guerra, la postguerra, pasar hambre, casarse, tener hijos, nietos, envejecer y morir, y todo en blanco y negro.

La conversación fue derivando a temas sexuales y en cierto modo he de reconocer que sí estábamos reprimidos sexualmente, si no en actos, sí en palabras ya que pude darme cuenta que mi nieto, aquel hombre joven no sabía nada de mí. En realidad, jamás le había contado ninguna de mis muchísimas experiencias sexuales, y sin embargo él se jactaba de sus únicas cinco o seis conquistas y me las relataba con toda naturalidad, con sumo detalle.

En ese momento decidí quitar el velo de vergüenza y represión que recubría mi historia. Hice callar al jovenzuelo, y le advertí que lo que iba a oír a continuación jamás lo había contado a nadie, incluida su abuela, mi mujer, que en paz descanse.

Quedó tan perplejo de que fuese su abuelo el que estuviese contando aquella historia, que no daba crédito a lo que oía. Tras escuchar parte de mi relato, salió de la habitación sin decir una palabra, con las mejillas rub rizadas y los ojos brillantes, y no me volvió a mirar en todo el día.

Al caer la tarde, paseaba por la vera del río como suelo hacer todas las tardes, y Serafín me abordó y me espetó: ¡Quiero escribir tu historia!. No entendía bien sus palabras, por lo que me explicó la existencia de unos cuadernos de Internet, llamados Blogs y que que allí lo quería escribir para que miles de personas lo pudieran leer y comprender como él había hecho, que la juventud de hoy en día no ha descubierto nada, sólo lo ha adaptado a su tiempo, con mejor o peor fortuna, y que siempre hubo personas afortunadas en el sexo, antes y ahora, y que desde luego yo he sigo una de esas personas.

Voy a contar parte de mis experiencias, aunque será Serafín quien las escriba, ya que por razones evidentes, esto de Internet para mí es magia negra, por eso ruego al lector que me perdone si cometemos algún fallo en la narración, en el tiempo o en el lugar; mi memoria ya no es lo que era.

Interrumpiré mi relato a la edad de 37 años, cuando me casé con mi difunta, ya que por respeto a su memoria, esa historia es solo nuestra....

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